Causas profundas del caso George Floyd

Si no ha estado usted esta última semana confinado en una cueva sin televisión, radio, móvil ni ordenador, sabrá de la auténtica ola de vandalismo desatado en EE.UU. a causa de la muerte de George Floyd, un ciudadano al que un policía redujo y oprimió el cuello para inmovilizarle de tal modo que, pese a las súplicas y las advertencias de que se ahogaba, acabó matándole, según la autopsia que califica los hechos como homicidio. Si bien no vamos a tener la osadía de discutir la causa de su muerte, sí que debemos mencionar, a fin de una visión clara y una exposición imparcial de los hechos que, en primera instancia, el mismo forense no atribuyó la muerte a la acción policial, no encontrando (siempre según su propia versión) «hallazgos físicos» que demostraran que Floyd murió asfixiado o estrangulado por el policía.

Quienes hayan leído alguna vez este humilde blog sabrán dos cosas: La primera, que la corrección política imperante no nos arrastra automáticamente al camino marcado, y la segunda, que intentamos argumentar los hechos y no dejarnos llevar por la pasión, guste o no guste lo que aquí se diga, así que vamos a ello.

Bien, empezaremos por el tema relevante de verdad en todo este asunto: El muerto era un hombre negro y quien le causó la muerte un policía blanco. Es decir, si el muerto hubiera sido blanco, no habría salido a protestar a la calle ni su familia, así de claro. Automáticamente, y sin más información, se asoció la actuación policial al racismo, pese a que no hay evidencia de tal cosa, y menos aún en las primeras horas que desencadenaron las protestas. No sabemos si el policía, que sin duda se excedió e ignoró las súplicas de Floyd, es racista y actuó movido por ello. No sabemos si había discutido con su mujer, si se había llevado alguna reprimenda de un superior y lo acabó pagando un tercero, pero da igual. Un hombre negro murió por culpa de un policía blanco, y fue suficiente para prender la llama.

Pero ¿por qué prendió la llama esta vez con tanta virulencia? Básicamente, se han dado las circunstancias adecuadas. En primer lugar, un cierto grado de recelo más o menos extendido entre la población negra estadounidense, que lleva a pensar automáticamente que los agravios o injusticias que pueda padecer alguno de ellos son por una cuestión de racismo. En segundo lugar, un victimismo establecido entre buena parte de los negros que, si bien padecieron un racismo y discriminación descarnados tiempo atrás, no se puede decir que padezcan hoy en día; al menos no de ese modo. Y, en tercer lugar, que en el despacho oval de la Casa Blanca se ha instalado un señor llamado Trump que resulta, por decirlo suavemente, incómodo para la izquierda: un blanco rico (bueno, en esto no se distingue de cualquier político progre de peso), capitalista y heterosexual sin pelos en la lengua.

 

¿Son racistas los polis blancos estadounidenses? Quien mata mayoritariamente a los negros en EE.UU.

Vamos a tratar de dilucidar, antes de nada, si efectivamente los policías blancos se dedican a hostigar e incluso matar a personas negras por el simple hecho de serlo.

Lo primero que debemos procurar, para hacernos una composición de lugar, es tener una idea aproximada de la división racial de la población de Estados Unidos, y hay que tener en cuenta que los hispanos, estadísticamente, no son tenidos en cuenta como una raza, sino como una etnia; así pues, hay blancos y negros hispanos, por ejemplo, pues lo que determina esa clasificación concreta es su origen centro y sudamericano. Así, los blancos no hispanos son mayoría con un 66%, porcentaje que remite cada año. La población negra no hispana alcanza aproximadamente un 13%, siendo la minoría racial más numerosa. Los asiáticos suponen alrededor de un 5%, y el resto serían indios americanos, hispanos, hawaianos, inuits, mestizos… Bien, dicho esto, hay que destacar una cosa: los negros, en proporción a su porcentaje poblacional, cometen más homicidios que los miembros de cualquier otra raza. El FBI publica cada año unas estadísticas muy interesantes acerca del crimen, de forma que permite conocer qué tipos de delitos son más frecuentes, quién los comete, de qué manera… Esta publicación se llama ‘Crime in the U.S.’ y quien quiera puede consultarla aquí. Para no aburrirles ni abrumarles con cifras, nos vamos a limitar a unas estadísticas muy concretas del año 2018:

Homicidios del año 2018, por raza, etnia y sexo. De un total de 14.123 homicidios, hubo un total de víctimas blancas de 6.088 y un total de víctimas negras de 7.407, mayoritariamente hombres en ambos casos.

FBI - Tabla víctimas homicidio por raza y sexo
Tabla de víctimas de asesinato por raza, etnia y sexo

Sigamos. Estadísticas por raza, sexo y etnia de la víctima y del agresor, ocurridos en circunstancias un agresor-una víctima (hay otras estadísticas como víctimas múltiples, agresores múltiples…): Bien, pues de los casos con víctima de raza negra en esas circunstancias concretas («uno contra uno»), 2.925, el asesino era negro también en ¡2.600!

FBI - Tabla asesinados y asesinos por raza y sexo
FBI – Tabla de víctimas y asesinos por raza, etnia y sexo.

Y más de uno de ustedes pensará qué tiene que ver esto con el caso Floyd, si de lo que se trata es de un supuesto racismo policial. Bien, creemos que estos datos son necesarios para tener una visión más global del asunto, pero no se preocupen, que también hay números sobre muertes de individuos a manos de la policía. Es lo que el FBI califica como justifiable homicide, es decir, homicidio justificado; o dicho de otro modo, ciudadanos abatidos por fuerzas policiales. Desde el 2014, el diario The Washington Post se dedica a compilar los casos en que alguien muere a manos de un policía, resultando que desde entonces han caído 1.260 negros y… 2.410 blancos. Ciertamente, la población blanca es mayoritaria, pero no deja de ser menos cierto que, en proporción, la población de raza negra registra un mayor porcentaje en la comisión de delitos; en el caso de los homicidios, por ejemplo, más de la mitad son cometidos por personas de raza negra. Si nos atenemos a la tabla anterior que recoge los asesinatos en circunstancias de «uno contra uno» del año 2018, obtenemos que las víctimas blancas tuvieron un verdugo negro en un 15,5% de los casos, mientras que las víctimas negras tuvieron un verdugo blanco un 8% de las veces, cuando la población blanca quintuplica a la negra o, como dicen allí, afroamericana.

Cada uno que saque sus propias conclusiones, pero desde luego la que sacamos aquí no es que los policías blancos puedas ser catalogados en su conjunto como racistas, aunque alguno habrá, por supuesto. Pero si algo que de ninguna manera se puede deducir, pues no hay evidencias (al menos por ahora) de ningún tipo, es que el agente de policía causase expresamente la muerte del señor Floyd, y menos aún de que lo hiciera porque ser negro. Esto es sencillamente insostenible.

En general, los negros son asesinados fundamentalmente por otros negros y, en comparación, mueren más blancos a manos de negros que al revés.

 

Raza, identidad, racismo y victimismo

Bien, primeramente hay una cosa que es fundamental entender: es algo bastante extendido entre los negros, sobre todo norteamericanos y africanos, tener conciencia o identidad de raza. Algo que para los blancos, exceptuando ciertos entornos ideológicos abiertamente racistas, resulta extraño, es normal entre los negros. Esta afirmación no se basa en la búsqueda de información, ni siquiera en la lectura, sino en la propia experiencia personal de quien les escribe y en la observación de la realidad en forma de declaraciones públicas y/o mensajes lanzados a través de la música o el cine que confirman estas experiencias propias. Si bien se podría profundizar sobre esto, bastarán dos anécdotas para poner un poco de luz sobre este fenómeno identitario negro, que a un servidor le hicieron ver este hecho de una forma clara y hasta entonces insospechada: La primera es la celebración del título de campeón mundial de Fórmula 1 de Lewis Hamilton, piloto de raza negra, por parte de un grupo de africanos negros, ninguno inglés, por supuesto; lo celebraban sólo porque era negro, como ellos. La segunda, es una discusión, o más bien un reproche, que un hombre negro le hacía a otro: ¡Tú te juntas demasiado con los blancos! Tal cual, como si fuera pecado. Esto último, además de indicar que efectivamente en este caso concreto existe una conciencia racial (que a entender de un servidor es bastante generalizada), es también racismo puro y duro. En nuestras políticamente correctas sociedades occidentales tenemos asumido que el racismo es cosa de blancos, pero es una falacia.

Ser negro y estar orgulloso de serlo no tiene por qué ser malo, a priori. Tampoco serlo blanco, amarillo o azul, tanto da. Uno es lo que es y punto. El problema viene cuando esa conciencia arrastra consigo un sentimiento de agravio, en este caso por la esclavitud sufrida. ¿Puede alguien en su sano juicio sostener que la situación actual de los ciudadanos negros de EE. UU. es ni siquiera parecida a la que ostentaban 60, 80 o 100 años atrás? Por supuesto que no. Ese sentimiento de agravio, ese victimismo por algo que estas generaciones no han sufrido sólo puede traducirse en recelo, en un injustificado resentimiento y, en los peores casos, en odio e incluso racismo (sí, han leído bien, racismo) contra los blancos, en concreto contra unos blancos, los de hoy en día, que no les han agraviado de ningún modo. De hecho, el ver en un blanco un potencial opresor por el simple de hecho de serlo, es decir, atribuirle unas cualidades por su condición natural, es puro racismo. Y lo que es peor, esta idea está establecida también ¡entre blancos!, principalmente entre la progresía izquierdista, cómo no. Memos que se sienten culpables por algo que no han hecho, e incluso que sienten pena por unas «víctimas» que no han sido tales.

Sinceramente, no parece haber objeción para que, hoy en día, un joven negro estudie y se labre un futuro en el coloso yankee, más allá de que, efectivamente, cada uno nace donde nace, en un entorno concreto, y siempre lo tendrá más difícil el que peores condiciones previas tenga, pero la raza difícilmente será condicionante en un país obsesionado con la corrección política y que arrastra un sentimiento de culpa importante, lo que le ha llevado a ejercer unas políticas de «discriminación positiva» que de otro modo no habría ejercido. Ese victimismo interiorizado lo único que hace es establecer una barrera psicológica entre uno mismo y sus capacidades, haciéndole creer que de ninguna manera podrá prosperar en la vida porque es negro, por mucho esfuerzo que le ponga. Por otra parte, cuando hay una víctima, claro, siempre hay un culpable, real o imaginario. Otro, un tercero, siempre tendrá la culpa de las desgracias de uno. No es nada nuevo, está inventado desde hace mucho.

Saqueo tienda Nike disturbios EEUU
Jóvenes «combaten» el racismo saqueando una tienda de ropa deportiva.

Y no podemos dejar pasar la oportunidad de mencionar una cosa, creemos, de vital importancia. Mencionábamos en el párrafo anterior que el entorno, sí, puede condicionar el futuro de las personas. Esto, en Norteamérica como en cualquier lugar, se hace más patente en los barrios pobres, como es lógico. Pues dicho esto, harían bien las personas que tienen influencia y la capacidad de cambiar esto en dejar de fomentar a través del cine, la música y la televisión esa cultura gangsteril proveniente del rap y del hip-hop establecida entre gran parte de la juventud negra de esos barrios pobres, donde se presenta como modelos a indeseables que sólo pueden provocar conductas negativas.

Para concluir con este apartado, tenemos la obligación de remontarnos al primer párrafo, donde mencionábamos que existe la idea establecida de que sólo los blancos somos o podemos ser racistas. Bien, ya tratamos en este blog el tema del racismo en un artículo (en catalán) que quien quiera puede leer aquí, pero no está de más recordar que esta idea es falsa y que, de hecho, lo racista es pensar que sólo los blancos pueden ser racistas. En ese mismo artículo tienen varios vídeos sobre violencia racista contra ciudadanos blancos, como por ejemplo un blanco asesinado a pedradas y patadas en Sudáfrica (las imágenes son duras, se lo advertimos) o un rapero negro que llama  al racismo anti blanco y al exterminio de los suecos. Una joya, el chaval.

 

Izquierda y políticas de identidad

En sus inicios, las diferentes ramas de la izquierda, socialismo, marxismo y anarquismo, enarbolaban la bandera de la defensa de los intereses de la clase obrera, llegando incluso a propugnar la lucha de clases y la famosa dictadura del proletariado. Con la mejora de las condiciones de trabajo y de vida y el fortalecimiento de la clase media, podemos decir sin miedo a equivocarnos que de ninguna manera, hoy en día, las clases trabajadoras son izquierdistas. Los hay, es evidente, pero el voto obrero no es, por definición, de izquierdas. Viene esto a colación porque es una de las causas de que los teóricos de lo que hoy llamamos progresismo, desprovistos de esa bandera, hayan abrazado y promovido una serie de causas o ideologías sustitutivas, todas encaminadas al mismo fin y con un enemigo/s más o menos comunes. El fin no es otro que la disolución de la civilización occidental, de la obra del cristianismo, o más bien de sus rescoldos, porque realmente poca cosa queda ya, y los medios de que se vale son el feminismo, la identidad de sexual (ideología de género, la llaman), el homosexualismo y el mal llamado antirracismo. Incluso podemos incluir el ecologismo y el animalismo, con sus matices. Los enemigos, el capitalismo, aunque muchos de los más influyentes progres y comunistas son millonarios capitalistas, y los hombres blancos heterosexuales, peor aún si son católicos o simplemente cristianos. Es lo que llaman ‘heteropatriarcado’.

Alt-Right Groups Hold "Demand Free Speech" Rally
Agitadores de izquierda, el perejil de todas las salsas.

Estos teóricos, hijos del marxismo, son los creadores de estas ideologías. Su consecuencia, las llamadas ‘políticas de identidad’. Pongamos el caso de las mujeres y el feminismo. Ciertamente, hay mujeres que son asesinadas por sus maridos o parejas, pero no son asesinadas por ser mujeres, sino por ser esa mujer en concreto. Cierto es también que, desgraciadamente, hay mujeres que tienen la desgracia de sufrir una violación. Que cualquier persona de buena voluntad aborrezca estos hechos es lo lógico y lo normal, pero de aquí a que las mujeres establezcan un colectivo identitario, va un trecho. ¿No se han fijado ustedes en cómo se arrogan las dirigentes feministas el derecho a hablar en nombre de todo el sexo femenino? Si tenemos en cuenta que mujeres hay desde el principio de los tiempos, no deja de resultar curioso que no hayan descubierto su pertenencia a un grupo homogéneo hasta hace cuatro días, que es cuando los titiriteros progres se han dedicado a mover las cuerdas de las marionetas. Se ha pasado de reivindicar cosas justas, como por ejemplo mismo trabajo, mismo sueldo, a criminalizar al hombre y prácticamente equipararlo a un maltratador o violador en potencia, lo que es a todas luces falso, denigrante e injusto para la mayoría de los hombres, que no son ni una cosa ni la otra, y se ha hecho haciendo sentir un agravio a mujeres que ni siquiera han sufrido discriminación o abuso alguno y explotando sentimientos lícitos de rabia aprovechando circunstancias concretas.

Lo mismo pasa con el homosexualismo. ¿Acaso ser gay o lesbiana es un fenómeno moderno? En absoluto. Lo que es nuevo es que sean un «colectivo», uno además que suma letras a sus siglas cada año, no sabemos cómo lo hacen. Una cosa es ser homosexual, pero lo que hay hoy en día es, en gran medida, un movimiento homosexualista, que es una cosa diferente, que pretende convencer a los que no lo son de las bondades de la homosexualidad y, peor aún, estigmatizar al que no opina de tal modo, ejerciendo además como lobby con el fin de obtener leyes a media, cosa en la que tienen mucho éxito, además. Bien, pues una cosa es la condición sexual y otra hacer de eso una bandera, una causa, una ideología, y eso es obra de la izquierda.

Resumiendo, se crea una identidad o se aprovecha una previa y se manipula. Se le hace creer a los fieles potenciales que han sido objeto de agravio, aunque tal cosa sea mentira, creando así resentimiento y, por consiguiente, abonando el terreno para la manipulación de los sentimientos. Se busca un chivo expiatorio, al que se señala. Se define lo que está bien y lo que está mal y ya tenemos establecida la «moral» progresista de la modernidad. Moral, que palabra tan fea para un progre, ¿verdad? Y al que ose disentir de la opinión «correcta» se le califica automáticamente de fascista, intentando siempre su aislamiento y muerte civil. Esa es la libertad de los llamados tolerantes. Esa es su «democracia». Ese es su progreso.

Progres disturbios EEUU
Los mismos que protestan ahora callan ante casos mucho peores que el homicidio de Floyd.

Junten todo esto que acabamos de explicar (victimismo, políticas de identidad, resentimiento), añádanle que vivimos en un mundo idiotizado donde las masas carecen por lo general de capacidad analítica, súmenle que el poco raciocinio es compensado por un exceso de sentimentalismo y obtendrán un montón de gente manipulable en grado sumo que, además, cree estar en posesión de la verdad absoluta, que cree promover la libertad, la tolerancia y el progreso del ser humano y, por si fuera poco, castiga al que se atreva a disentir. Pongan a un hombre blanco, rubio, heterosexual y rico en el gobierno de EE. UU en la ecuación y comprenderán por qué se ha armado semejante jaleo. Y para acabar, un último ingrediente: la mística de la revolución. Es lo que faltaba para comprender por qué se combate el racismo robando tiendas de Gucci, televisiones de plasma, saqueando tiendas de Nike o supermercados. «No saqueamos, tomamos lo que nos corresponde», gritaba una manifestante a un policía negro durante los disturbios. Ahí lo tienen, es la síntesis de todo lo expuesto: les han agraviado (o eso creen), luego es justo alzarse violentamente y, ya de paso, hacerse con el botín.

Si esto es el progreso, paren, por favor, que algunos nos bajamos. Bienvenidos a la nueva tiranía.

 

Un comentario en “Causas profundas del caso George Floyd

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