Antonio de Capmany y el seu ‘Centinela contra franceses’; exaltació patriòtica d’un català.

«No es este tiempo de estarse con los brazos cruzados el que pueda empuñar la lanza, ni con la lengua pegada al paladar el que puede usar el don de la palabra para instruir y alentar a sus compatriotas. Nuestra preciosísima libertad está amenazada, la patria corre peligro y pide defensores: desde hoy todos somos soldados, los unos con la espada y los otros con la pluma».

 

La cita és de ‘Centinela contra franceses’, obra del català Antonio de Capmany i Montpalau, «el text més exaltador d’Espanya que s’ha escrit mai» en opinió del prestigiós historiador Ricardo García Cárcel, escrit en 1808 durant la Guerra de la Independència.

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Detall de la portada de ‘Centinela contra franceses’.

Capmany, nascut a Barcelona el 1742, va formar part dels Dragones de Mèrida, va ser Sotstinent d’Infanteria de Catalunya, va participar en la Guerra de Portugal de 1762 i va organitzar, al costat de Pablo de Olavide, la colònia de catalans de Serra Bruna que va formar part del pla de repoblació de Carlos III per a Andalusia. Va ingressar en la Real Acadèmia de la Història, així com a les Acadèmies de Belles Arts de Barcelona i Sevilla. Va ostentar diversos càrrecs administratius, arxivístics i diplomàtics amb Carlos III i Carlos IV. Escriptor prolífic, va publicar obres sobre gran quantitat de matèries entre les quals s’inclouen diversos estudis sobre la llengua castellana, la qual cosa li va valer que la Real Acadèmia de la Llengua li inclogués al Catàleg d’Autoritats de l’Idioma.

Centinela contra franceses portada
Portada del llibre. Hi han altres edicions més recents.

La invasió francesa li enxampa a Madrid als 65 anys. Allà va escriure el seu ‘Centinela’ amb uns objectius molt simples: alertar contra els perniciosos francesos i animar a la insurrecció i la lluita contra l’invasor, criticant durament a Napoleó i carregant contra l’amanerament i els costums francesos. Es va negar a reconèixer a les autoritats de l’invasor, motiu pel qual va perdre el seu treball, va deixar la capital i va marxar a peu fins a Andalusia per unir-se a la rebel·lió. A Sevilla, la Junta Suprema de Defensa Nacional li va encarregar dirigir La Gaceta, diari oficial del govern. Ja a Cadis, obligat per l’avanç francès, va ser un dels organitzadors de les Corts en 1812 en les quals va ser diputat liberal. Allà va morir el 14 de novembre de 1813.

En l’escrit que ens ocupa Capmany fa gala del seu encès patriotisme i del seu caràcter lluitador:

«¡Yo, mudo ahora! ¡Yo, que hace tantos años que no he empleado la pluma y mi celo sino en honra y gloria de mi nación, ahora sin dar señales de vida en el momento en que el enemigo de la Europa maquina su esclavitud o su desolación! ¡Manos a las armas y Dios bendiga la noble intención de tan santa empresa!»

 

Fa referència també a la tan manipulada -a mans del nacionalisme català- Guerra de Successió:

«Se trata de vencer o vivir esclavos. En la Guerra de Sucesión que afligió la España, no se trataba de defender la patria, ni la nación, ni la religión, ni las leyes, ni nuestra constitución, ni la hacienda, ni la vida, porque nada de esto peligraba en aquella lucha. Sólo se disputaba de cuál de los dos pretendientes y litigantes a la Corona de España debía quedar el poseedor… Estaba la nación dividida en dos partidos, como eran dos los rivales, pero ninguno de ellos era infiel a la nación en general, ni enemigo de la patria. Se llamaban unos a otros rebeldes y traidores, sin serlo en realidad ninguno, pues todos eran y querían ser españoles, así los que aclamaban a Carlos de Austria, como a Felipe de Borbón».

 

Catalunya, com no podia ser menys, es va alçar en armes contra l’invasor gabatxo. Segons el mariscal Benthier, «cap altra part d’Espanya s’ha revoltat amb tant encarnissament». Capmany fa referència a la lluita dels barcelonins i l’ajuda de la resta d’Espanya:

«¡Ánimo y confianza en Dios, barceloneses! No faltarán auxilios… Así vuestra restauración y la conservación de esa hermosa y magnífica ciudad, prostituida hoy por las inmundas plantas de esos viles soldados del alevoso Napoleón, corre de cuenta de todos los esforzados y valerosos españoles, y del socorro de nuestros generosos aliados».

 

En l’obra, dividida en dues parts i capaç d’exaltar els ànims de qualsevol, Antonio de Capmany al·ludeix constantment a la defensa de la pàtria, del rei i de la nostra religió:

«Pero, ¿pensaba el gran político y sagaz Napoleón conseguir el mismo recibimiento de los españoles, que hace dos mil años que mantienen este nombre, que componen una sola nación independiente y libre, y que profesan la fe católica desde los tiempos apostólicos? A la voz de patria, de libertad y de religión, ¿cómo no se habían de inflamar los corazones y de levantar las manos doce millones de almas, que se honran con estos amados títulos?

…¡Alerta, leales y bravos compatriotas míos! Centinelas sois todos contra los franceses y contra aquellos españoles, si los hay, que los temen o no los aborrecen».

Antonio de Capmany
Antonio de Capmany i Montpalau.

Capmany, impetuós i irreductible patriota, acaba la segona part de la seva obra amb aquestes boniques i emotives paraules:

«Adonde quiera que os lleve la fortuna, lleváis la patria con vosotros. Cuando perecierais todos, iremos los viejos, los niños y las mujeres a enterrarnos con vosotros, y las naciones que trasladen a esta desolada región sus hogares y su servidumbre, leerán atónitas: AQUÍ YACE ESPAÑA LIBRE. Y yo doy aquí fin a este escrito por no morirme antes de tiempo».

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