La república de los tontos

«Al tonto no lo impresiona sino lo reciente. Nada, para el hombre inteligente, depende de su fecha[1]».

Nicolás Gómez Dávila

En los últimos días se habla sobremanera de eso que se ha dado en llamar therians, palabra que al parecer deriva del inglés theriantropy, y se compone de therion (animal en griego) y anthropos (persona, también en griego).

Como por arte de birlibirloque han empezado a proliferar imágenes y vídeos de estos infraseres, seres humanos supuestamente dotados de capacidad racional que quedan en lugares públicos para hacer el gilipollas disfrazados de animalitos. Unos se ponen máscaras caninas y su correspondiente colita, o de gatito, o de lobo, o de lo que sea, y se dedican a caminar a cuatro patas para aquí y para allá.

Todos los que tenemos ya una edad hemos conocido el estereotipo del tonto del pueblo, o sea, el sujeto poco dotado intelectualmente al que todo el mundo conocía como tal, cosa asumida de forma natural. Los hay más inteligentes y los hay menos, y ya está. No pasa nada. No hay mayor mentira que la igualdad. Ahora bien, que personas que ya han hecho el cambio, a los que se les supone equipados de serie con un cerebro capaz de ejercer su función normalmente, se dispongan voluntariamente a disfrazarse de animalicos, a imitar su comportamiento y, además, a exhibirse públicamente comportándose como verdaderos imbéciles, es motivo de verdadera preocupación. Es un claro síntoma de degradación social, de gente que ha perdido el norte y el más elemental sentido común y sentido del ridículo, aunque sean pocos.

Pero el asunto es todavía más grave si tenemos en cuenta el vuelo que está tomando el asunto mediáticamente. Afortunadamente, la porción de inútiles que fingen sentirse animales es ínfima, con lo cual su presencia en los medios de comunicación y redes sociales no es conforme a su relevancia pública, sino artificial, un intento más de vuelta de tuerca en la idiotización de la sociedad. Es evidente que a los titiriteros que ostentan el poder les interesa que el rebaño sea cada vez más dócil y sumiso, cada vez más inconsciente, cada vez más esclavo. Ahora bien, las ovejas, aunque incapaces de defenderse por sí mismas del lobo, cuando menos saben identificar el peligro. Pero una parte considerable del rebaño democrático moderno no sabe hacerlo. Es más, el hombre posmoderno abraza fervorosamente su esclavitud, su cárcel invisible. Ya advirtió Gómez Dávila que «al vulgo no le importa ser, sino creerse, libre. Lo que mutile su libertad no lo alarma, si no se lo dicen». Y de modo parecido nos advierte Byung-Chul Han: «El sujeto sometido no es siquiera consciente de su sometimiento. El entramado de dominación le queda totalmente oculto. De ahí que se presuma libre[2]». Y así andan estos encefalogramas planos, levantando la patita y fingiendo que hacen sus necesidades en un arbolito o en una pared, con la compañía cómplice de algunos voceros del Sistema que, haciendo ostentación de una tolerancia mal entendida, les animan a seguir sumergidos en su estupidez con el argumento de que no hacen daño a nadie.

Pero sí, claro que lo hacen. Se lo hacen primeramente a sí mismos y se lo hacen, evidentemente, a la sociedad, porque esto, como cualquier otra plaga, es contagioso. Es obvio que ninguno de estos tontos mayúsculos va por su casa vestido de perrito, ni come pienso, ni lleva correa. Es preciso hacer el idiota en público, para que todo el mundo lo vea, luego es un acto público, social. ¡Miradnos, somos imbéciles!, parecen decir orgullosos. Es preciso también reconocer una cosa: además de ser una demostración grupal de majadería, esto de los therians es un grito de socorro. Es nihilismo, es el vacío existencial. No saben qué hacer con su vida.

No, no es el cambio climático lo que nos extinguirá. Es la estupidez elevada a categoría socialmente aceptada lo que nos va a hundir en el cieno para mayor gozo de los que realmente mueven los hilos, encantados de hacer lo que les place sin oposición alguna.


[1] GÓMEZ DÁVILA, Nicolás. ‘Escolios a un texto implícito’. Editorial Atalanta. Gerona, 2021.

[2] HAN, Byung-Chul. ‘Psicopolítica’. Editorial Herder. Barcelona, 2021, p. 28.


Descubre más desde Lo Rondinaire

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Un comentario en “La república de los tontos

Replica a Javier Cancelar la respuesta