La derecha y la comprensión del mundo

En este humilde blog se ha criticado duramente y numerosas veces a lo que se suele conocer coloquialmente como la izquierda. Y no, no es por ser de derechas. De hecho, no existe ese supuesto antagonismo que nos venden. La dicotomía izquierda-derecha es falsa. No son contrarios, sino complementarios; es decir, forman parte de la misma lógica, la de la política de la Modernidad, la de la política de la Revolución. Por eso, los que realmente somos contrarios al Sistema somos los contrarrevolucionarios. Decía Gómez Dávila, tantas veces citado aquí, que «el revolucionario quiere mudar de baraja; el contrarrevolucionario, de juego».

Es justamente por esta posición verdaderamente radical —o sea, que va a la raíz— por lo que vemos con tanta claridad la ceguera de la derecha. Simplemente por no confundir al lector, vamos a aceptar que por tal cosa se comprenden los que se oponen a la ideología progresista, lo que los modernos llaman woke. Es un amplio espectro, por supuesto, que alberga a furibundos antisocialistas, nacionalistas españoles a machamartillo en muchos casos. Conservadores, si se quiere, que pretenden hacer lo que han hecho siempre, conservar. Conservar la Revolución, claro, o sea, la subversión total del orden establecido en su día en la Cristiandad. Muchos, o al menos algunos, por supuesto son cristianos, aunque siempre son otra cosa antes que seguidores de Jesús. La derecha, en fin, parte de las mismas premisas que la izquierda, aunque toma otras derivadas o simplemente no pretende desarrollar esas premisas en su totalidad. Por eso se complementan, por eso son lo mismo en esencia, si bien no en la superficie. Pero son sin duda dos caras de la misma moneda.

Existe en la naturaleza un curioso ser conocido vulgarmente como la avispa zombi —avispa esmeralda, en realidad—, que inyecta un veneno en el cerebro de las cucarachas. De este modo anula su voluntad y quedan a su merced. La cucaracha zombificada es conducida al nido de la avispa y ésta pone un huevo en su rehén, cuya larva, al nacer, se alimentará de ella, aún viva. Bien, pues esto, más o menos, es lo que ha hecho Israel con los Estados Juntitos, que diría el gran Ibáñez. Les llevan por donde quieren, sin más. Y así, esta misma mañana han comenzado una guerra contra Irán, que por supuesto han vendido como preventiva. En el caso de Irak, la excusa fue en su día las armas de destrucción masiva, esas que nunca aparecieron, y ahora la bomba nuclear, esa misma que tiene Israel y que tiene Estados Unidos, único país que la ha utilizado hasta ahora.

Bombardeo sobre Irán.

Pues bien, no han tardado en aparecer, como era de prever, toda una cohorte de derechistas defendiendo el bombardeo sionista, a todas luces una agresión injustificada. Por supuesto, estos mismos ya le están poniendo a los que critican este acto criminal la etiqueta de antisemitas. Bendita palabra. Le permite a uno identificar al momento a un imbécil o a alguien con mala intención, si no ambas cosas. Estos lameculos del imperio yanki son los mismos que pretenden convencernos de que Israel es el escudo de Occidente. Es más, ¡es nuestro amigo! ¡Sí, amigo de España! Porque como son gilipollas, ven a los progres con banderas palestinas y creen automáticamente que los buenos son los israelís. Les da igual si Israel proporciona armas a un país enemigo como Marruecos; si lo saben, lo pasan por alto. Les da igual que España permanezca postrada ante los Estados Unidos desde que murió Franco. ¡Estos también son amigos! Les da igual que maltraten a los cristianos. Incluso les parece bien que los Estados Unidos se crean legitimados para ser la policía del mundo. Lo que no entienden es que ese país no tiene amigos, sino siervos.

Muchos de estos, además, son de los que se quejan continuamente de lo mal que están las cosas, como si no estuvieran como están, en un grado de responsabilidad muy alto —que no exclusivo—, por culpa de Israel y su marioneta yanki. Son los cenutrios cuyo patriotismo se basa en el juancarlismo y su hijo, en la Constitución, viva la Guardia Civil y la selección española de fútbol. Son de derechas porque creen que en la supuesta oposición a la izquierda está el lado bueno. No se enteran de nada, en definitiva.

Pero aquí no somos de izquierdas ni de derechas, sino contrarrevolucionarios. Y lo tenemos bastante claro: El Estado terrorista no es el iraní. Es el otro.


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