Fuera caretas

«Quiero pedirles a las personas migrantes y racializadas que por favor no nos dejen solas con tanto facha. Y claro que sí, queremos que voten, claro que sí. Hemos conseguido papeles, regularización ya, y ahora vamos a por la nacionalidad o a cambiar la ley para que puedan votar, por supuesto. Ojalá teoría del reemplazo. Ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante, con gente trabajadora. Claro que yo quiero que haya reemplazo. Reemplazo de fachas, reemplazo de racistas, reemplazo de vividores, y que lo podamos hacer con la gente trabajadora de este país tenga el color de la piel que tenga, sea china, negra , marrona, con todas, compañeras, las gentes trabajadoras de este país».

Estas palabras las pronunció Irene Montero, eurodiputada de Podemos y liberadora de violadores, en un mitin de su formación en Zaragoza el pasado 31 de enero. El tono, pueden imaginarlo en semejante tipeja, es el de siempre, el de una exaltada, totalmente histriónico. Quien quiera, puede ver el vídeo aquí.

Las palabras y la actitud amenazante de Montero han indignado, lógicamente, a muchas personas, pero en realidad hay que agradecerle una cosa: se ha quitado la careta. Y además lo ha hecho sólo un día después de que el portavoz de su partido, Pablo Fernández, hombre de pelo largo y pensamiento corto, negara explícitamente al periodista Nacho Abad, conductor del programa de televisión En boca de todos, de Cuatro, que quieran la regularización de inmigrantes para que voten. Para que voten a la izquierda, claro, se sobreentiende. «Eso es una gilipollez como la copa de un pino», en palabras textuales del portavoz podemita.

Realmente, empero, Montero no ha inventado nada. Como todo el pensamiento progresista actual, eso que llaman woke, es importado del odiado imperio, EE. UU. La eurodiputada va en la línea de los izquierdistas yankis que, en palabras de un autor que se define como marxista, «sueña con un país en el que los blancos pasarán a ser una minoría reducida a la impotencia, porque todos los demás grupos étnicos se aliarán para hacer que el Partido Demócrata gane siempre[1]». Esta línea de pensamiento, por llamarlo de alguna, es fruto de la Teoría Crítica de la Raza (C.R.T. en sus siglas en inglés). «La afirmación fundamental de la TCR es que el racismo impregna absolutamente todos los recovecos de todas las instituciones sociales y la psique de todos los individuos. Está especialmente arraigado en cada persona blanca, pero infecta incluso el pensamiento de las personas no blancas en la medida en que han aceptado las suposiciones racistas que los blancos tienen acerca de ellos y han consentido las políticas y las instituciones racistas con las que los blancos les oprimen[2]», sostiene Edward Feser. Es lo que algunos llaman racismo institucionalizado. Pero su intención no es acabar con ese supuesto racismo, no crean. Su intención es vengarse. Los seguidores de esta teoría consideran que para corregir ese racismo endémico se deben girar las tornas, y ahora deben ser los blancos los discriminados por el mero hecho de serlo. Si esto no es racismo, que nos expliquen qué es.

Portada del libro Race Critical Theory. An introduction, de Richard Delgado y Jean Stefancic.

Volviendo a Estepaís, como dirían los del PSOE, en el discurso de Montero citado al inicio de este escrito pronuncia tres veces las palabras ‘gente trabajadora’, cuando son estas personas, precisamente, las que sufren con más crudeza los efectos de la inmigración descontrolada. ¿Pero qué más les da a los de Podemos? Ellos no son obreros ni viven en barrios de trabajadores. Esta gentuza se preocupa sólo de mantener su posición. ¿Qué coño le importarán a un trabajador que madruga las monsergas sobre los homosexuales, los transexuales o la farsa del cambio climático? Las familias españolas trabajadoras quieren seguridad y poder pagar las facturas. Punto. Por eso no les votan, evidentemente. Digno de mención es también el uso de la palabra ‘racializada’. ¿Qué narices es eso? Uno puede ser negro, amarillo, verde o azul, ¿pero racializado? ¿Los blancos estamos sin racializar o cómo va esto? Está bastante claro que hablan para un mercado de gilipollas. Ya lo dijo Punset: ¡las neuronas están fritas!

Irene Montero y sus amigues podemitas defendiendo al proletariado.

Esta caterva de estúpidos están convencidos de que realmente luchan contra el fascismo, que no es más que una entelequia, la amenaza fantasma. Fascista es, en realidad, cualquiera que no piense como ellos. O como ellas. O como elles. Por favor, ¡no se ofendan! O mejor, oféndanse, nos da lo mismo. En fin, que, en realidad, lo que pretenden es acabar con todos los que les llevamos la contraria, sin más consideraciones. Todo muy democrático, ya lo ven. Y estos encima son los que van de tolerantes. Se supone que los tolerantes toleran precisamente lo que no les gusta, pero bueno, ya no vendrá de una estupidez más.

La cosa es que el mundo no es como Irene y sus compinches quieren que sea, así que hay que adaptarlo a sus premisas al precio que sea. Esta es la lógica del pensamiento ideológico que tienen prisionero al mundo moderno. Totalitarismo puro y duro.

Pero bueno, Irene, no pasa nada. Está bien, fuera caretas. Es bueno que la gente trabajadora, blanca y española —que ni es bueno ni es malo serlo, aunque os joda—, gente decente que se esfuerza para llegar a fin de mes, sepa que los supuestos defensores de la clase obrera quieren sustituirlos por migrantes[3] chinos, negros y marrones que les voten a ellos, es decir, que voten adecuadamente. La alianza entre la izquierda sierva del capital anglosionista y la inmigración fundamentalmente musulmana está en ciernes.

Llegará el día en que la parte del pueblo español que no ha perdido el buen juicio pondrá pie en pared. Ese día, veremos.


[1] RAMPINI, Federico. ‘El suicidio occidental’. Ladera Norte, Madrid, p. 52.

[2] FESER, Edward. ‘Que todos sean uno en Cristo’. Ediciones Cor Iesu. Toledo, 2024, p. 42.

[3] Odiosa palabra. Las cebras migran; los ñus migran; las aves migran. Las personas emigran.


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