Rusia no es nuestro enemigo

Desde que hace una semana Donald Trump recibiera en el despacho oval al ucraniano Zelenski no han parado de darnos la murga en los medios de manipulación sobre la necesidad que tiene «Europa» de rearmarse para hacer frente a la supuesta amenaza rusa. De hecho, la perversa Von der Leyen, presidente de la Comisión Europea, ya ha hablado de una inversión de 800 mil millones de euros. Por supuesto, Macron, Keir Starmer y nuestro castigo particular, Pedro Sánchez, han hecho lo posible por convencernos de la maldad intrínseca de Rusia y de lo peligrosa que resulta para los europeos.

Pero no, Rusia no es nuestro enemigo. Otra cosa es que debiera haberse metido en semejante lío en Ucrania, pero no somos enemigos. No son los rusos los que han llenado Europa de musulmanes, ni los que cometen atentados contra los occidentales. No son los rusos quienes promueven políticas destructoras de la vida y de la familia como el aborto o la eutanasia, ni quienes han subido el precio de absolutamente todo. No son los rusos los que nos han convertido en una colonia, sino los yankees. No son los rusos los que están armando a Marruecos, sino Israel y EE. UU. Tampoco son los rusos quienes han convertido a España y al resto de Europa en un pudridero moral y en una amalgama de eunucos y cobardes. Ni los que fomentan el homosexualismo, el transexualismo, ni los que han unido los tapones a las botellas. Tampoco los que pretenden convencernos de un próximo apocalipsis climático ni los que nos quieren meter el coche eléctrico con embudo. No. Son los propios gobiernos europeos, la UE, la OTAN y la madre que los parió a todos los culpables de todo esto.

He aquí la bandera de uno de nuestros principales enemigos. Del común de los europeos y de los españoles en particular.

Y si España es débil y ha quedado reducida al servilismo más humillante tampoco es culpa de los rusos, sino de ese traidor vendepatrias al que llamaban rey, del PSOE, del PP, y del resto de partidos serviles al anglosionismo globalista; del Régimen del 78, en definitiva, y de los propios españoles —no nos engañemos—, convertidos en una masa cobarde y acomodada incapaz de reacción alguna.

«El que no ve la verdad / a la hoya se encamina. / La primera medicina / es saber la enfermedad…», dice un refrán. Aquí no vemos nada. Ni la verdad, ni la hoya, ni la enfermedad, y la medicina mucho menos.

Si han sido capaces de convencer a miles de imbéciles de que las mujeres pueden tener pene o de que el mundo se acaba porque vamos a trabajar en coche, lo de la supuesta Rusia enemiga será coser y cantar, no les quepa duda. Aquí no saldrán los del ‘no a la guerra’ pancarta en mano y chapa en la solapa porque esta guerra la quieren mantener ellos.

No, Rusia no es nuestro enemigo. El enemigo está en casa.


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